Aguja e hilo, mejor en compañía

Teresa en MimarinitaHoy voy a aprovechar esta ventanita al mundo que Luz me ha abierto para hablaros de Teresa, una de mis compañeras de punto, alguien que, con total seguridad, jamás se hubiera cruzado en mi camino de no haber sido por Mimarinita. Teresa y yo no tenemos mucho en común, quizá sólo nuestra afición de tejer y lo mucho que nos gustan los colores intensos para que se nos vea a kilómetros, y creo que eso es lo que más me gusta de ella, que no se parece en nada a mí.

Y, sin embargo, Teresa posee algunas de las cualidades que más admiro en una persona: la tenacidad, el afán de superación, el hambre insaciable de aprender. «¿Tú sabes lo que decía Platón?», me pregunta, «Pues que el conocimiento en realidad ya lo tenemos, es algo innato, sólo tenemos que sacar todo el potencial que llevamos dentro»Teresa no se resigna, no se conforma. Conserva intacto el deseo de empaparse de cuanto hay a su alrededor, signo inequívoco de juventud. Teresa me inspira. Escucho las historias que nos cuenta entre un punto del derecho y otro del revés, y pienso en que no lo ha tenido nada fácil en la vida, pero no ha dejado que eso fuera un obstáculo ni mucho menos una excusa para no lanzarse a buscar el más pequeño instante de felicidad.

Momentos como los que compartimos en nuestros talleres. Compartir, una palabra que Teresa repite incesantemente si habla sobre lo que supone para ella acudir a Mimarinita un par de días por semana. Ella es el ejemplo perfecto de algo en lo que cada vez creo con más firmeza: los poderes curativos de tejer en compañía. Da igual lo laaaaaargo que esté siendo el martes, los marrones que tengamos encima o los problemas que parece que no vamos a poder solucionar, porque cuando dan las siete en punto en el reloj de la catedral y entramos a nuestro taller, todo queda en un segundo plano. Es una suerte de universo paralelo. Nos contamos nuestras cosas, nos echamos unas risas y arreglamos un poco el mundo, que está muy feo. «Además de aprender, para mí esto es una terapia impresionante, algo muy positivo, me veo rodeada de gente, y eso me encanta, pero además es que son personas muy animosas y con mucha vitalidad», cuenta Teresa, quien se decidió a dar rienda suelta a su afición por el tricot y la costura, que siempre ha tenido, tras jubilarse. Era profesora de inglés. Y un buen día, por casualidad (como ocurre siempre lo mejor de la vida), pasó por la calle de Mimarinita, se fijó en el escaparate y… aquí estamos.

teresa-ensenando-su-falda-hecha-a-manoTeresa llegó a la tienda en un momento en que necesitaba algo en lo que ocupar el tiempo y alguien con quien compartirlo«Cada una tenemos un ADN, somos totalmente distintas las unas de las otras, y eso supone un enriquecimiento impresionante», añade. Opino exactamente lo mismo. «Estoy enormemente agradecida tanto a Luz como a todas mis compañeras, personas de una calidad humana increíble», dice, y eso es justo lo que expresan sus ojos: gratitud y mucho cariño, recibido y también dado.

Teresa, además, asiste a los talleres de confección de Mimarinita. Cumplirá 73 años en enero y tiene una prenda pendiente, un vestido de ensueño, como ella lo llama, para el verano, que mezcle telas de diferentes colores y estampados. Un vestido único para una mujer que también lo es.

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